Las selvas en la península de Yucatán constituyen un bioma clave por sus funciones socioecosistémicas, como el mantenimiento de la biodiversidad, la recarga de acuíferos y la reproducción de modos y medios de vida de pueblos indígenas y comunidades locales. No obstante, la deforestación y destrucción de los ecosistemas forestales continúa.
Aún cuando la Selva Maya ha padecido procesos de pérdida y degradación desde hace décadas, su deterioro se ha acelerado notablemente en los últimos años. La selva está siendo destruida por la expansión de la agroindustria, la ganadería, la industria inmobiliaria y turística, las mega obras de infraestructura logística y de transporte, y proyectos energéticos, entre otras intervenciones alineadas a lógicas desarrollistas y estrategias de desterritorialización y reterritorialización.
La pérdida de la selva y el establecimiento de nuevos usos del suelo provocan impactos multidimensionales sobre los territorios, las comunidades (humanas y no-humanas) y las personas, afectando la sobrevivencia de especies de flora y fauna, y dinámicas relacionales de las sociedades actuales.